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Carisma sin Conciencia

Carisma sin Conciencia

Thursday, April 28, 2011 More articles in Opinion
Madrid, 29 de abril de 2011, José Antonio Osorio Rodríguez, redaccion opiniondigital.es,joseantonio@opiniondigital.es
   
  • ¿Hemos colocado en el poder a psicópatas sin escrúpulos?
  • ¿Puede la actual casta política cambiar su forma de ser y actuar?
  • ¿Responde su actuación a algún tipo de patología?
  • ¿Que tiene que aportar la ciencia criminológica a la comprensión del mundo de la alta política, finanza o multinacionales?
  • ¿Por que se adapta tan bién el capitalismo moderno a la mentalidad de un psicópata?
  • ¿Cómo es posible que se concentren tantos individuos con perfiles tan similares en posiciones de líderazgo?
  • ¿Cuales son sus planes en ejecución?

Quizás estuviésemos contemplando hasta ahora esta situación desde una óptica errónea bien sea ideológica, económica, etc. Voy a acercarme al análisis de la conducta de un grupo social como es el de los políticos desde el enfoque propio de la ciencia criminológica (La criminología es una ciencia de carácter multidisciplinar que basa sus fundamentos en conocimientos propios de la sociología, psicología y la antropología social, tomando para ello el marco conceptual que delimita el derecho penal. La criminología estudia las causas del crimen y preconiza los remedios del comportamiento antisocial del hombre. Las áreas de investigación criminológicas incluyen la incidencia y las formas de crimen así como sus causas y consecuencias. También reúnen las reacciones sociales y las regulaciones gubernamentales respecto al crimen).

A partir del punto de vista de esta ciencia podríamos establecer un perfil al estilo de los que aplican desde los años 70 a asesinos en serie y otros criminales violentos declarados psicópatas por el FBI norteamericano al político, banquero o empresario tipo español.

Psicópata no es lo mismo que asesino en serie. Un psicópata no es únicamente el que  atenta contra la integridad personal de otros. Hay claros rasgos de psicopatía en personas que ejercen funciones de liderazgo. ¿Cómo los podemos reconocer?

Un estudio en Investigación Criminal, de la Universidad Manuela Beltrán de Bogotá en Colombia, analizó algunos de los perfiles más reconocidos del mundo. “Hitler tenía unos rasgos de psicopatía muy particulares y nunca mató a nadie con su propia mano. Si hablamos del perfil de algunos dirigentes mundiales, vamos a encontrar que tienen varios rasgos de psicopatía. Son manipuladores o tienen un grandioso sentido de auto importancia, narcisistas de personalidad en relación con que buscan el beneficio particular antes que el beneficio general, tienen facilidad impresionante para mentir”(Con esto casi se podría definir al político occidental típico).

Para un especialista en Psicología Forense, además de la habilidad para convencer, es importante hacer notar que la labor de un psicópata se facilita cuando sus víctimas no tienen la capacidad de tomar decisiones. “Esta situación se vive a diario en bandas criminales y grupos al margen de la ley o partidos políticos  donde los líderes convencen fácilmente a los subalternos entregados al líder con teorías políticas que apoyan que en realidad perjudican a todos menos probablemente a él y sus socios; llegándose incluso a criminalizar la protesta y posibles respuestas populares en contra. Esto llama “Trastorno Ideológico Inadvertido”.

Los psicópatas no pueden empatizar ni sentir remordimientos, por eso interactúan con las demás personas como si fuesen objetos, las utilizan para conseguir sus objetivos, y satisfacer sus propios intereses y apetencias (la cosificación del otro es el pilar maestro de la estructura mental de un psicópata).

No necesariamente tienen que causar algún mal en todo momento, pero si hacen algo en beneficio de alguien o de alguna causa aparentemente altruista es sólo por egoísmo, para su único y exclusivo beneficio, o por mero cálculo y conveniencia.

Otro aspecto  sobrevaloración de su persona, lo que los acerca a la megalomanía y a una sobrevaloración de sus capacidades para conseguir cosas y la falsa empatía utilitaria, que es la habilidad que poseen para captar la necesidad del otro y utilizar esta información en su único beneficio, explotando sus debilidades y poderlos manipular mas facilmente.

Desde el Psicoanálisis  suponen que la razón por la cual un psicópata es perverso es porque son individuos cuya personalidad depende de mantener el “principio de realidad”, pero careciendo de “superyo”. Esto hace que la persona psicópata pueda cometer acciones criminales u otros actos cuestionables con total falta de escrúpulos, sin sentir culpa.

Un psicópata puede ser una persona simpática y de expresiones sensatas que, sin embargo, no duda en cometer un delito cuando le conviene. La mayor parte de los psicópatas no cometen delitos, pero no dudan en mentir, manipular, engañar y hacer daño para conseguir sus objetivos y apetencias, sin sentir por ello remordimiento alguno.

Veamos algunas características del perfil de un psicópata:

  •   Gran capacidad verbal y un encanto superficial.
  •   Autoestima exagerada.
  •   Constante necesidad de obtener estímulos y tendencia al aburrimiento.
  •   Tendencia a mentir de forma patológica.

  •   Comportamiento malicioso y manipulador.
  •   Falta de culpa o de cualquier tipo de remordimiento.
  •   Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial.
  •   Falta de empatía, crueldad e insensibilidad.
  •   Estilo de vida parasitario.
  •   Incapacidad patológica para aceptar responsabilidad sobre sus propios actos.

¿Habrá algún dirigente político que no lo sea?

“El psiquiatra polaco Andrew M. Lobaczewski estudió cómo los psicópatas influyen en el avance de la injusticia social y sobre cómo se abren paso hacia el poder, cuya culminación política es lo que ha venido a denominar patocracia. Lobaczewski es el inventor de laponerología, el estudio interdisciplinario de las causas de períodos de injusticia social, donde el psicópata es un factor clave”.

“La patocracia es una enfermedad de grandes movimientos sociales seguidos por sociedades enteras, así como naciones e imperios. Durante el transcurso de la historia de la humanidad, ha afectado a movimientos sociales, políticos y religiosos, al igual que a las ideologías que la acompañan convirtiéndoles  en caricaturas de si mismos. Esto ocurrió como resultado de la participación de agentes patológicos en un proceso patodinámico. Esto explica porqué todas las patocracias del mundo son, o han sido, tan similares en sus características esenciales”.

(Andrew M. Lobaczewski en su libro Ponerología Política: Una Ciencia de La Naturaleza del Mal ajustada a Propósitos Políticos).

En cualquier sociedad en este mundo, los individuos psicopáticos y algunos de los otros pervertidos crean una red activa ponerológica (malvada) de conspiraciones comunes, parcialmente separada de la comunidad de las personas mental y moralmente sanas.

Son muy conscientes de su diferencia ya que obtienen sus experiencias y se familiarizan con diferentes modos de luchar para conseguir sus objetivos. Su mundo está por siempre dividido entre “nosotros y ellos” – su mundo con sus propias leyes y costumbres y ese otro mundo extranjero (el de las personas normales) lleno de ideas y costumbres presuntuosas por las que son moralmente condenados.

Su “sentido del honor” los empuja a hacer trampas y denigrar ese otro mundo humano y sus valores. En contradicción con las costumbres de las personas moral y mentalmente sanas, sienten que el comportamiento normal es el no cumplimiento de sus promesas y obligaciones.

(En tales personas surge un sueño como una juvenil utopía de una mundo “feliz” y un sistema social que no los rechazaría o forzaría a someterse a leyes y costumbres incomprensibles.  Sueñan con un mundo en el que su simple y radical modo de experimentar y percibir la realidad – hacer trampas, destruir, utilizar a otros –  dominaría, dándoles seguridad y prosperidad.  Esos “otros-cosas” – diferentes, pero más capaces técnicamente – deberían ser puestos a trabajar para alcanzar esta meta. “Nosotros”, después de todo, crearemos un nuevo gobierno, uno de justicia <>. Están dispuestos a luchar y sufrir en nombre de tal mundo feliz, y a causar sufrimiento para otros. Tal visión justifica al genocidio y a exterminar a gente cuyo sufrimiento no los mueve a sentir compasión porque “ellos” no son de la misma especie). ¿Masa sucia?

Por eso resulta tan fácil para ellos tomar medidas que supongan la miseria o incluso el genocidio de muchos (que para ellos no son más que cosas que existen en función de sus propias necesidades). En su mente perversa son incapaces de verse reflejados en el otro. Que les importa dejar a familias enteras sin recursos si para ellos solamente son números que no cuadran. Gastos que habría que retraer de unos presupuestos cuya gestión  en un mundo dominado por la corrupción deja enormes beneficios. (reducir prestaciones médicas a ciertos grupos como fumadores, drogodependientes, etc. como en algunas ocasiones se ha propuesto).

En una sociedad donde el mal no es estudiado o entendido, ellos (los “elegidos por la providencia o la historia – Su megalomanía y narcisismo les lleva a verse así”) alcanzan la cima fácilmente y condicionan a las personas corrientes a aceptar su dominación y aceptar sus mentiras sin cuestionarlas.

Su punto de vista psicológico empobrecido los hacen pesimistas con respecto a la naturaleza humana. Frecuentemente encontramos expresiones de las características de sus actitudes en declaraciones y escritos políticos o filosóficos: “La naturaleza humana es tan mala que el orden en la sociedad humana puede solo ser mantenida por un poder fuerte creado por individuos altamente calificados en el nombre de un ideal alto”.

Permitámonos llamar esta expresión típica la “declaración del psicópata con rasgos esquizoides que tan bien encaja en los políticos”.

Una táctica típica del psicópata esquizoide es el de poner a las personas en contra de las otras. Los beneficios para él es:

a) él o ella gana mucho en una forma perversa de satisfacción al promover y provocar argumentos, hostilidad y disputas, y después de ver otros involucrarse en conflictos destructivos. Laicismo vs. Confesionalismo, Centralismo vs. Nacionalismo, etc. ¿Por qué no pueden colaborar armoniosa y voluntariamente diferentes sensibilidades en un territorio independientemente de sus caractéres propios y de sus costumbres o creencias en un proyecto que les beneficie a todos?. Pues por que no es rentable para sus intereses de casta.

b) el conflicto generado les asegura que la atención de la gente sea distraída y alejada de la causa del conflicto. Es decir, ellos mismos y sus actuaciones como conjunto.

Después ellos pueden venir y ser “la voz calmada de la razón”,y entonces subvertir la lógica y la razón y las emociones del objetivo. El caso es que les funciona.

Una vez visto todo esto podemos observar que nada tiene que ver las ideologías prostituidas por estos elementos patógenos de la sociedad, pudiéndose encontrar en aparentes democracias, férreas dictaduras, jerarquías religiosas, etc.

Si la parte sana de una sociedad no quiere seguir sufriendo a estos elementos anormales que le parasitizan debe separar inmediatamente a estos elementos insanos de toda estructura de gobierno o de control social, manteniéndolos por su naturaleza negativa y egoísta bajo total control y vigilancia ya que como la ciencia asume: Son incorregibles.

Todo muestra que existe un plan criminal a nivel mundial por parte de estas autodenominadas élites mundiales con su reflejo en cada nación. Ello es retratado con meridiana claridad y toda su crudeza por la escritora y activista canadiense Naomi Klein en lo que ella denomina la “Doctrina del Shock” y que me atrevo a recomendar su lectura. En españa sus libros están publicados por Editorial Paidos.

“La doctrina del shock es la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Naomi Klein identifica como «capitalismo del desastre».

Tras una investigación de cuatro años, Klein explora el mito según el cual el mercado libre y global triunfó democráticamente, y que el capitalismo sin restricciones va de la mano de la democracia. Por el contrario, Klein sostiene que ese capitalismo utiliza constantemente la violencia, el choque, y pone al descubierto los hilos que mueven las marionetas tras los acontecimientos más críticos de las últimas cuatro décadas.

Klein demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras forma de shock no tan metafóricas”.

En este relato apasionante, narrado con pulso firme, Klein repasa la historia mundial reciente (de la dictadura de Pinochet a la reconstrucción de Beirut; del Katrina al tsunami; del 11-S al 11-M, para dar la palabra a un único protagonista: las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad del ciudadano, crisis prefabricadas son el siniestro combustible de la economía del shock.

« Naomi Klein denuncia la estafa de las políticas económicas de la Escuela de Chicago y su conexión con el caos y el derramamiento de sangre por todo el mundo. Éste es un libro tan importante que se convertirá en un catalizador y un punto de inflexión en el movimiento por la justicia económica y social.

Poco mas se puede añadir salvo constatar la peligrosidad que implica para el futuro de toda la humanidad el “no hacer nada al respecto” y dejar que los mandos de la sociedad y la civilización permanezcan en manos de sujetos de esta clase. La primera de las revoluciones necesarias es la de la consciencia, para darnos cuenta de la clase de estercolero en que unos cuantos elementos anormales de la sociedad han convertido nuestro presente y aún traman algo peor para nuestro futuro. No es que podamos hacer una revolución, es que tenemos la obligación de ejecutarla por nuestro futuro y el de nuestros hijos a los que supongo querremos legar algo mejor que semejante pudridero.

José Antonio Osorio

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