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EL IDIOTARIO


El Adiós que nunca fué

miércoles 9 de septiembre de 2009


Adiós,
nuestra palabra más usada,
Hasta a Dios se la hemos dicho.
Pero seguimos ahí.
En nuestro recuerdo,
En nuestro tormento mutuo.
Siempre deseando decir el Adiós definitivo
Que nos haga dar la bienvenida a un nuevo destino,
A un nuevo recuerdo, a un nuevo adiós.
… Nuestro Adiós, siempre será la bienvenida,
Para nuestra resurrección.


El Fernando que llevo dentro.

martes 11 de agosto de 2009


Como en la mejor novela mexicana o como en la peor comedia romántica Fernando siempre veía caer la lluvia sobre la hierba parado al lado de su ventana.
Era un acto casi por inercia el salir corriendo abalanzándose hacia la puerta. Como en la peor persecución, o como en la mas esperada de las citas.
Era un misterio hacia donde la noche lluviosa lo llevaba, hasta que me di cuenta de su destino. Tenia un encuentro obligatorio con el recuerdo.
…Solo estaban ahí, los dos, mojados, el uno para el otro. Nadie sabe como hicieron que sus mejores momentos sean bajo la lluvia. “¿Será la necesidad del abrazo calentito del ser querido?” “¿Será que sus labios saben mejor fríos?” “¿Será que sus ojos brillan más?” El no lo sabe, pero no siente la frialdad del agua que cae sobre el, ni la molestia de las gotas sobre su cara.
Hasta que tu recuerdo se va de su imaginación y vuelve a su realidad. Solo, recordándose, añorándote, como en los viejos tiempos.
…Mete las manos a los bolsillos y vuelve a lo de siempre, a lo de todos los días lluviosos, a querer frustradamente hacer cualquier cosa por estar con vos.
Todavía se le hace difícil aceptar y hacerse a la idea de tu partida o a la idea de verte, pero no tenerte. Eso lo se yo, porque todo el año, en la lluvia, en el frío, en el calor. Me siento como Fernando…


Mientras tomaba su café

martes 14 de julio de 2009
Tomaba su café caliente para calmar un poco el frío que sentía mientras disfrutaba de la luna que ofrecía la espectacular noche invernal.
-“¿Querés que te traiga algo para abrigarte?”- Le preguntaba su marido, amable, como antes de casarse hace 49 años. Aunque ella ya se había acostumbrado a lo descomedido de Don Nicanor desde los 17 años.
-¿Qué te pasa?” – Le preguntó ella asombrada ya que las únicas dos veces que se había comedido a algo había sido… La primera, para llevársela a la cama y la segunda, cuando le pidió matrimonio. Y es que esa era otra de las cualidades del señor, que sabia disimular muy poco. Hasta que luego de tantas vueltas, coloreada e insistencia de doña Piedad, se animó. Era la explicación a 16 años sin tener relaciones sexuales (aparte de las ya obvias por la edad).
El señor, todavía amable y respetuoso tenia una relación paralela desde hacia 18 años, pero que ya había dejado y que sin embargo, ocupaba su corazón y llenaba de pensamientos su cabeza. Aunque eso, obviamente no se lo dijo a su esposa.
La única reacción de doña piedad fue llorar, y más que el hecho en si de vivir engañada durante mucho tiempo; el miedo a lo desconocido, a la soledad la embargaba.
No dijo nada, no hizo nada, no demostró maldad alguna. Todavía no sabemos si por gratitud o por miedo.
Contraria a cualquier reacción causa-efecto doña Piedad, no le pidió que se fuera, ni que se quedara. Simplemente lo dejo ser y decidió hacerse la opa con cualquier asunto referido al tema… Ella trata de disimular que nada paso. Aunque en silencio sigue acordándose de las palabras de Don Nicanor, cuando este después de muchos años se le acerca todavía con el sentimiento de culpabilidad que le invade.
Los que la conocemos todavía nos seguimos preguntando si haya tenido la misma reacción y ya haya tomado la misma decisión, si hubiese sabido que con quien su marido la engañaba durante muchos años, era el amigo con el que miraba fútbol todo los viernes, mientras ella tomaba su Café.


Miranda

miércoles 17 de junio de 2009


Todos nos damos la vuelta.
Era Miranda, que como todos los días llegaba al salón de clases llamando la atención. Por su belleza, su sonrisa, su pelo, su perfume sabor a jazmín y bueno, simplemente porque era ella. Llegaba tarde. Su pequeño primogénito, Mario, se despertó con calentura y “fregaba” desde temprano.
Los varones del salón, siempre preocupados (según ellas), siempre dispuestos a ayudarla intervinimos para que la vieja frustrada que tenemos como docente la deje pasar. Entra a la clase y volvemos a meternos en el tema, aunque Alejandro, el más soñador del curso continuó observando a Miranda.
Si tan solo ella supiera que en el tendría al mejor padre para su hijo… Pero ella anda ciega, ¡no habla con nadie! “¿será muda?” “Pa` mi que es alzada” “antes hablaba con todos” …las voces e los otros que no saben nada de ella.
Laura, la que se muestra siempre como la más vivás, la mejor alumna, la mejor en todo ¡Hasta en los chismes!, la persigue a la salida para tratar de saber algo de ella junto a sus amigos, dos, los más fashion del salón. La siguieron hasta su casa y ¡sorpresa! “no había sido de buena familia”.
“veremos que más le pillamos a la camba” dice Willan, ese, el que tiene una mezcla enfermiza en su personalidad entre fashion y under. Mientras, salían y entraban mujeres y hombres aparentemente tomados.
“Señora Disculpe, ¿quien vive aquí?”, pregunta Stefanie, la tarada un poco traumada que siempre viste de rosa, de esas que nunca faltan en los salones de clases. “es un putero niña” responde la señora sin mayor miramiento.
Al otro dia, como era e esperarse, ya todos los compañeros sabíamos y así se fueron tejiendo algunos rumores. Algunos falsos y otros que no estaban muy lejos de la realidad – “vos sabés algo?” me pregunto Laura, “vos hablabas con ella”,“sí, pero la ultima vez que hablamos fue en el junte de despedida del año pasado” recuerdo.
Maria, la chica callada que siempre habla solo con Miranda y con la que solo habla Miranda, por fin se cansó de tanto chisme y contó.
La chica de plata, dulce, amable, sencilla que habíamos conocido hace un año había sido violada por un amigo suyo cuando el la llevaba a su casa… Su madre, de estas viejas copetudas moño alto de sociedad no soporto la vergüenza y le pidió abortar. “Miranda por supuesto no acepto” contó indignada Maria. Así que tuvo que irse de su casa. “¡No podés! Que vieja de mierda!” dice Stefanie. “¡No!”, dice Diego, “que hijo de puta el”. Pobre Diego, es mi mejor amigo. Pero no lo juzguen, el no sabe que el hijo de puta soy YO.

jueves 4 de junio de 2009
¡Prestáme tus alas!
Juntos, aprenderemos a volar…


Caras de Hora Pico

miércoles 20 de mayo de 2009
A 10 minutos de mi casa y con dos pesos en el bolsillo no me queda otra que tomar el micro e instantáneamente se me dibuja otra cara sobre la mía.
Hago parar el micro lleno, pensando en mi desgracia por tener que usar el transporte público o “populacho” como diría un amigo.
Subo doblado casi a la mitad sin poder mirar durante la mitad del recorrido cosa más allá que mis zapatos blancos temerosos de ser pisados por algún “cambita” apurado.
De pronto, siguiendo con la misma idea de mi desgracia levanto la mirada y logro ver muchos caras.
La cara del señor con pinta de cajero que parece analizar todo. La cara de la estudiante vergonzosa de que la vean en el micro. La cara sucia de la señora que aparenta haber estado todo el día en el mercado. La cara de cansado del señor con apariencia de albañil que parece a ver subido en la otra punta de la ciudad. La cara de la señora pintuda expectante de que alguien baje para sentarse sin que la topen. La cara con expresión cansada pero optimista del joven que lee sus fotocopias para ganar tiempo ya que parece tener que trabajar para estudiar. La cara sonriente con ojos soñadores del niño que apenas puede agarrarse. La cara arrugada, humilde, la expresión cansada y la mirada temerosa de la señora de pollera que lleva a cuestas a su hijo en un aguayo. Y por ultimo, la mía. Con mis ojos hinchados de dormir, recién rasurado, con ropa limpia, y la expresión en todas mis facciones de…

¡Que desgracia la mía!

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